En
la coordinación a todos los niveles educativos se nos plantean múltiples
desafíos, los cuales se ven amplificados a la hora de trabajar con un alumno o
alumna con alguna enfermedad, dificultad o trastorno, como en este caso; donde
vemos recalcada la gran importancia que tiene realizar cambios organizativos
que mejoren la respuesta educativa y su adaptación los educandos.
Al
igual que en todas las áreas de la educación, vemos como en las acciones de
coordinación intervienen múltiples aspectos y personas, los cuales deben comunicarse,
organizarse y coordinarse satisfactoriamente con el fin de ser capaces de dar
respuesta a las necesidades del niño o niña en todos sus ámbitos de desarrollo.
Brindar
una buena atención a un alumno con TEA requiere de recursos adicionales y de profesionales
diversos, tanto dentro como fuera del centro, como es el personal de apoyo y/o
especializado, el cual estará siempre contemplado en el PEC.
El
personal de apoyo y/o especializado, en este caso, englobará :
-
El neuropediatra, quien en conjunto con
la unidad de salud mental infanto-juvenil, dará tratamiento clínico al niño
tras haber pasado por el médico de atención primaria y haber realizado el
diagnóstico del trastorno, además de brindar asesoramiento tanto al centro como
a las familias sobre el caso particular del alumno.
-
El Equipo de Orientación Educativa y
Psicopedagógica (EOEP), quien se encargará, entre otras funciones, de asesorar
tanto a los docentes del centro como a las familias, aplicar las Medidas de
Atención a la Diversidad pertinentes y de la evaluación del alumno con TEA.
-
El Departamento de Orientación (DO),
quien realizará la evaluación psicopedagógica del alumnado y colaborará con los
docentes, asesorando tanto a éstos como a los alumnos y a las familias.
-
El Equipo de Atención Temprana (EAT),
quien orientará, tras la previa evaluación psicopedagógica, tanto al alumno o
alumna como a su familia y al centro e
intervendrá para facilitar los procesos de E-A.
Entre
estos profesionales debe existir una gran coordinación y una especial atención
e interés por evitar el aislamiento con respecto al grupo de referencia del
alumno. Esta coordinación y este interés deben estar presentes, además de en
estos profesionales, en el centro y sobre todo en las familias, pues su
intervención es no solo necesaria, sino imperativa y fundamental, ya que para
un correcto desarrollo, a todos los niveles, del alumno o alumna, aquellos
entornos en los que se desenvuelve deben mantener una cohesión, coordinación y
coherencia, que saque a los niños y niñas de la confusión y les brinde estabilidad,
ocasionando de este modo un feedback continuo que ofrezca las herramientas
necesarias tanto a los docentes y alumnos y alumnas, como a las familias,
permitiéndoles subsanar cualquier necesidad que se presente además de
enriquecer los procesos de E-A.
Cabe
destacar que, en el caso de Rafael en concreto y teniendo en cuenta que nos
encontramos en un contexto experimental dentro de un centro de educación
especial, el alumno recibe el apoyo, la motivación y las herramientas
necesarias para un satisfactorio desarrollo en todas las áreas de sus procesos
de E-A. Esto se debe en gran medida a que existe una continua y buena
comunicación entre todos aquellos que intervienen en estos procesos; en
especial la familia y los responsables de las acciones de coordinación; tanto el
personal de apoyo y del centro, como el personal especializado.
Además,
podemos observar como cada individuo que se encuentra inmerso en la educación
de Rafael pone todas sus ganas y su amor en lo que hace; esta implicación en conjunto
con la comunicación continua y de calidad tiene como consecuencia resultados
mucho más positivos y significativos, pues de esta forma el alumno también se
ve motivado, generando una retroalimentación positiva en la educación del niño.
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