Señales
de alerta:
Para
los niños de 0 a 3 años serían los siguientes indicadores (Filipecket al,
1999):
- A los 12 meses, el niño/a no balbucea ni hace gestos (decir adiós con la mano)
- A los 18 meses, el niño/a no pronuncia palabras sencillas.
- A los 24 meses, el niño/a no expresa frases espontáneas de dos palabras.
- Cualquier pérdida en lenguaje o habilidad social
¿Qué
observan los profesores de Educación Infantil?
- El juego es solitario.
- Las relaciones con sus compañeros son escasas o inexistentes. Puede llegar a tener problemas con ellos si éstos no hacen lo que quiere, a veces les pega o llora.
- Gritos o llantos desproporcionados por negaciones.
- Consuelo restringido, no le sirven explicaciones ni recompensas, a veces solo se calma cuando llega su madre.
- Falta de iniciativa.
- Dificultades en la psicomotricidad fina.
- Su atención es pobre y de poca duración.
- Ansiedad ante novedades, se resiste a cambios de rutina.
Con
respecto al caso que nos ocupa:
En
cuanto a las conductas emergentes, las relaciones sociales aún no han
aparecido. Se aísla casi todo el tiempo
y no se relaciona con sus iguales, como por ejemplo no muestra interés por los
demás niños cuando le llevan a jugar al parque, ni por sus compañeros en el
colegio. No le gusta el contacto físico, si algún niño le agarra de la mano, él
se suelta inmediatamente. En ningún momento hay comunicación por parte del niño
con los demás.
Por
otro lado, hay ausencia de acción conjunta (intercambiarse una pelota, por
ejemplo), de atención conjunta (por ejemplo, conductas de orientación visual,
donde el niño/a miraría de forma alternativa al adulto y/o al objeto de su
interés) o de preocupaciones conjuntas (es decir, conocer y conversar sobre
temas que interesan a la otra persona). Tampoco no hay miradas significativas
de relaciones conjuntas. Se comparten acciones sin ninguna manifestación de que
se perciba la objetividad del niño. No hay expresión clara de emociones.
Existe
una ausencia de resonancia emocional, o capacidad de intersubjetividad
primaria, de contagiarse de las emociones expresadas por otros. También,
muestra falta de interés por las personas, pudiendo encontrar alteraciones en
la capacidad de percibir a los otros seres humanos como seres con mente
(intersubjetividad secundaria), y con un estado mental (creencias, deseos,
etc.) que pueden ser diferentes de los propios, explicar su conducta y no
coincidir con la realidad y que pueden ser modificados y manipulados (a través
del engaño, la mentira, por ejemplo).
En
la escuela no responde al abrazo que le intentan dar los profesores, los
rechaza porque no le gusta el contacto físico. No dirige la mirada cuando le
llaman, ni obedece las órdenes que le da el maestro. En la casa se encuentra
con la familia, la cual no interactúa apenas nada con él, lo dejan solo la
mayor parte del tiempo. Aunque se encuentre con su familia, sigue aislándose,
se suelta de la mano cuando lo cogen, no quiere jugar con ellos, prefiere
caminar y correr solo.
Tampoco
hay comunicación ni siquiera para obtener un fin. No intenta establecer
comunicación en ninguno de los contextos que vemos en el vídeo. Se tratará de
establecer las conductas instrumentales con las personas necesarias para
conseguir los cambios en el mundo físico, así como conductas comunicativas para
pedir algo.
Por
un lado, Rafael, presenta mutismo total, ya que hay una ausencia o retraso en
el desarrollo del lenguaje oral, así como una ausencia total de juego funcional
y simbólico.
Por
otro lado, presenta “sordera central” lo que hace que ignore el lenguaje y no
responda a órdenes, llamadas o indicaciones. Por ejemplo, cuando está en la
escuela observamos como Rafael no le
hace caso al profesor, ni se inmuta a los ruidos altos, se limita a caminar
como si no escuchara nada.
Dicho
esto podemos concluir que Rafael es un niño hipo-sensible (o poco sensibles),
pues carece de sensibilidad hacia sus alrededores. Es torpe y no tiene
coordinación, además, está moviéndose constantemente. Podría tener una alta
tolerancia o indiferencia al dolor.
Rafael no posee teoría de la mente, ya que no tiene la capacidad de anticipar. El
niño no es capaz de anticipar lo que va
a pasar. Observamos que, cuando se encuentra fuera de la piscina, se tira
sin pensar, sin darse cuenta de que puede hacerse daño. Otra situación, podría ser
las veces en las que se pone en peligro, al correr sin mirar a dónde va, ya que puede
caerse.
El
niño presenta estereotipias motoras (movimientos repetidos con posible función
de autorregulación emocional) como cuando está en casa, casi todo el rato con
la mano en la boca mientras corre y salta por encima del sofá o, cuando Rafael
está en la piscina y no para de aletear, haciendo este movimiento todo el rato,
sin cansarse. Por el contrario, no hay
rituales simples o complejos, ya que cuando están en el campo no es capaz de lanzar
la pelota de fútbol a sus familiares.
También,
presenta numerosas conductas sin meta (carreras sin sentido en el campo o, los
recorridos por el aula en el colegio, por ejemplo), y se aprecia una falta de
respuesta ante consignas externas, éstas son breves y muchas veces no
comprende su finalidad, para cada paso requiere la orden externa.
Otra característica es la inexistencia de
imitación. En el colegio, cuando el maestro intenta que el niño imite, él no lo
hace, no sabe imitar. No presta ni mantiene atención a la tele aun estando
encendida. Hay un pequeño instante en el que se detiene a mirar la tele, pero
tampoco imita lo que hacen los personajes que aparecen.
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